IX Congreso Ibercom - El espacio iberoamericano de Comunicación en la Era Digital


Noticias: 25/10/2006 - Emisión online del Congreso Ibercom desde atei.es todas +

 

 

 


IX Congreso Ibercom - El espacio iberoamericano de Comunicación en la Era Digital
Mar Llera Llorente (leer comunicación)

Por distintas razones.
La confrontación de derechos individuales y derechos etnoculturales
en sociedades complejas.

Mar Llera Llorente
Dpto. Periodismo I
(Universidad de Sevilla)
mllera@us.es

Grupo de trabajo: Ética de la comunicación
IX Congreso IBERCOM
Sevilla-Cádiz, 2006.

Respecto del auge de los diversos fundamentalismos religiosos, hace ya varios años que Kepel previno sobre la “revancha de Dios”. Y por mucho que nos pese, debemos reconocer que los pronósticos de Huntington sobre el choque de civilizaciones se están revelando ciertos. Pero el cumplimiento de estos augurios responde a un mecanismo performativo: son profecías que se autorrealizan porque alimentan las condiciones para ello; al hablar de la realidad, la construyen. Siembran la desconfianza que enciende los conflictos, bloquean la posibilidad de diálogo y por tanto de entendimiento. De ahí la importancia de contrarrestar estas proclamas con antídotos, como la propuesta de una alianza entre civilizaciones. A ella se ha sumado la UNESCO, que desde los años 80 viene trabajando sobre la posibilidad de consenso en torno a una ética de alcance mundial para encarar con éxito los desafíos de las nuevas generaciones.
Ahora bien, si desea alcanzar solidez tal proyecto no debe limitarse a declaraciones de principios genéricos, ha de considerar las cuestiones concretas que cada día plantea la gestión de sociedades multiculturales obligadas a conciliar valores contrapuestos y referidos a diversas escalas, que abarcan desde la conciencia individual hasta la esfera planetaria, pasando por los particularismos etnoculturales de carácter comunitario y por el (seudo)universalismo constitucionalista.
Si profundizamos en la naturaleza de la doctrina liberal, advertiremos que también sus proclamas universalistas han nacido en contextos socioculturales particulares y se han desarrollado gracias a la implicación de comunidades de vida concretas, guiadas por determinados intereses y necesidades. Esta advertencia –hoy habitual en la literatura académica- indica que el liberalismo tiene raíces comunitaristas, lo mismo que el comunitarismo debe satisfacer ciertas exigencias liberales.
Uno de los autores que con mayor acierto y mesura ha sabido reconocer esta doble vertiente es Jürgen Habermas. Desde su primera obra maestra –Teoría de la acción comunicativa- hasta sus últimas reflexiones en torno a la amenaza del terrorismo global tras los acontecimientos del 11-S (Borradori, 2003), este autor adopta una actitud intelectual compleja que aspira a conciliar –o al menos articular complementariamente- el neutralismo del Estado con los particularismos de las comunidades que caen bajo su jurisdicción; la fundamentación del Derecho sobre una racionalidad dialógico-crítica y la participación de las bases sociales –con todo su bagaje cultural- en la definición de su contenido. Este interesante juego de complementarios le permite conjugar democracia liberal y preliberal, teoría sociológica de la acción y teoría de sistemas, revisión crítica y relanzamiento del proyecto de la Modernidad sin cortar sus raíces.
Sobre estas bases, nuestro estudio discutirá algunos casos que ponen de manifiesto la dificultad para conjugar los derechos comunitarios y los derechos individuales, las exigencias de un sano multiculturalismo –una política sensible a la diferencia- y las conquistas irrenunciables del igualitarismo liberal en el marco de una democracia participativa. Concretamente, atenderemos a la problemática situación de quienes reivindican sus derechos humanos en contextos sociopolíticos no liberales.