Elena Real Rodríguez (leer comunicación)
La Colegiación como eje dinamizador de la Ética y la Deontología periodística.
Elena Real Rodríguez
Doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Profesora del Departamento de Periodismo III (Teoría General de la Información), de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. España.
ereal@ccinf.ucm.es
Grupo de Trabajo: Ética de la Comunicación
IX Congreso IBERCOM
Sevilla- Cádiz, 2006.
El proceso constituyente de cualquier profesión, y no puede ser una excepción el Periodismo, se sustenta sobre dos pilares indispensables: titulación académica específica y colegiación, ambas con carácter obligatorio. El requisito de la titulación superior como medio único de acceso profesional, resuelve la exigencia de colegiación como una consecuencia lógica. El Colegio profesional acepta a todos aquellos que demuestran haber superado los estudios académicos requeridos para el desempeño de una profesión concreta. No otorga a capricho la condición profesional. Potestad que ha de ser vista como una salvaguardia social y nunca como un ataque discriminatorio contra las libertades de expresión, asociación y elección de profesión u oficio. La necesidad de servir a un interés público superior justifica tanto la demanda de titulación como la obligatoriedad de la colegiación.
Una de las atribuciones fundamentales que la Ley encomienda a los Colegios profesionales es la de desarrollar, vertebrar y velar por la Ética y la Deontología (otro elemento esencial de la profesión). El ethos profesional no es una mera cuestión de conciencia individual que cada uno buenamente decide y establece. Su dimensión social hace necesario arbitrar mecanismos de representación colectiva que le ayuden a perfilarse mediante un diálogo consensuado y una labor comprometida con los fines comunitarios que caracterizan a los quehaceres profesionales. Y esta determinante función no puede recaer en manos de las Asociaciones o Sindicatos, organizaciones profesionales también importantes pero con una misión diferente –aunque complementaria– a la de los Colegios, y con el agravante para estos menesteres de su afiliación voluntaria. Tampoco cabe aceptar la desnaturalización de la entidad colegial reconvirtiéndola en simple entidad asociativa. Si el Colegio no actúa sobre todos aquellos que trabajan como periodistas difícilmente puede erigirse en la institución que potencie y vigile el cumplimiento de la Ética y la Deontología en el seno de la profesión. Y la Ética y la Deontología se quedan cojas, sin el eje dinamizador que les permita articularse eficientemente. ¿Cómo se puede exigir la observancia de los valores éticos y las obligaciones deontológicas a aquellos profesionales que no están colegiados, y discriminar así entre buenos y malos periodistas? ¿Cómo reconducir el comportamiento de estos últimos y hacerles ver que sin Ética no hay Periodismo? Es preciso que todos entendamos (periodistas, empresarios, audiencia, políticos...), que la Ética y la Deontología es competencia del Colegio profesional. Y el Colegio ha de comprender a su vez que no puede cederlas amigablemente.